PALOMA RECIO MORÍÑIGO
DAVID MARTÍNEZ
DAVID MARTÍNEZ
El atribulado autor italiano Carlo M. Cipolla, en una de sus maravillosas obras, Allegro ma non tropo, nos habló, con canina ironía, de las cinco leyes fundamentales de la estupidez humana, y nos decía cosas como que la persona estúpida es el tipo de persona más peligrosa que existe, que la probabilidad de que cierta persona sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de esa persona o que siempre e inevitablemente todos subestiman el número de individuos estúpidos en circulación. A mí en cambio, los estúpidos me parecen seres adorables. Y usar sus estrategias de manera inteligente y consciente para llevar a cabo una acción artística, me resulta fascinante.
Vote a Gundisalvo, ¿a usted qué más le da, hombre? es un ejercicio perro de estupidez controlada y canalla, poniendo en evidencia el más sagrado de los gestos en un estado de derecho.
La propuesta de voto inútil, desmesurado, doble o triple y a destiempo, aderezada con una urna y el travestismo hortera de unos performers de baja ralea, no podía propiciar otro resultado que un apoteósico y vulgar espectáculo de mal gusto tan necesario en estos tiempos.
Vote a Gundisalvo no es más que un acto poético. Un acto poético invertido –transvertido- con el único objeto de demostrar que el inconsciente siempre acepta como reales los hechos que son metafóricos.
Este acto absurdo, excéntrico y surrealista, propone, además, algo parecido a un contrato que todos deberíamos hacer con nosotros mismos: Abrir los ojos ante la situación general actual, en la que todo lo conocido se derrumba y muy pocas cosas siguen quedando en pie.




















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